miércoles, 4 de noviembre de 2009

Entrevista a nutricionista Carolina Gómez

CARACTERISTICAS DEL TRASTORNO ALIMENTARIO EN ADOLESCENTES


¿A qué se debe el aumento de la incidencia y prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria?

Muchas personas no están a gusto con su cuerpo. Esto tiene directamente que ver con el hecho de que en nuestra sociedad impera el ideal corporal de la delgadez: esta aparece asociada al éxito, a la belleza, al autocontrol y a otras cualidades positivas. Los medios de comunicación difunden persistentemente este modelo. Pero es prácticamente imposible de alcanzar y, cuando la gente compara la imagen corporal propia con el ideal interiorizado, surgen fácilmente sentimientos de insatisfacción corporal y personal, de ansiedad, y una necesidad compulsiva de cambio físico. De ahí a la aparición de trastornos de conducta alimentaria no hay a veces más que un corto trecho: el del recurso a métodos (inanición, purgas mediante vómitos, diuréticos o laxantes, ejercicio físico compulsivo o de desgaste de zonas corporales concretas…) que, como sucede en el caso de la anorexia y la bulimia, ponen en grave peligro la salud física y psicológica.
Los medios de comunicación no son, con todo, los únicos factores etiológicos de las patologías alimentarias, a ellos hay que sumar los comentarios de los otros significativos (familiares, amigos…), la insatisfacción de la madre con su propio cuerpo, las costumbres familiares en la alimentación o la práctica de deportes que requieren un cuerpo extremadamente delgado (gimnasia rítmica, atletismo, etc.).
La exposición a todos estos factores hace que la patología, una vez instaurada, tienda a mantenerse. Y la dificultad de librarse de estas influencias de naturaleza sociocultural es precisamente la que explica el aumento de la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria.



¿Cuál es la población principalmente afectada? ¿Ha variado su composición?

El porcentaje de población general afectado por anorexia oscila, de unos estudios a otros, entre el 0.2 y el 0.8 pero la cifra se dispara hasta el 1.3 si se toma en cuenta sólo la población femenina adolescente. La bulimia, sobre la que se dispone de datos menos precisos, se sitúa entre el 1.13% y el 1.20%, predominando entre las jóvenes adolescentes.
Se hace necesario resaltar que, aunque la anorexia y la bulimia son patologías típicamente femeninas en una proporción de 9 a 1 respecto de los hombres, se está observando en los últimos años un aumento de la incidencia de estos trastornos entre la población masculina.
Respecto de la clase social, aun cuando en un principio se mantuvo que afectaba de forma predominante los estratos sociales medios-altos, actualmente se comprueba una incidencia similar en todas las clases sociales. Lo cierto, en definitiva, es que la incidencia de las patologías alimentarias es creciente y que se hace necesaria su detección precoz.

¿Existe relación entre los trastornos de la conducta alimentaria y las características de la personalidad? ¿Podría describir el carácter de esta relación?

El autoconcepto es el rasgo de personalidad que mayor relación mantiene con estos trastornos. Sin embargo, está también muy documentada la relación que guardan con otras características como el perfeccionismo, el miedo a madurar, la ansiedad y la desconfianza interpersonal.
El perfeccionismo se asocia con la insatisfacción corporal, ya que induce a ser y tener todo perfecto, incluso el cuerpo. La ansiedad siempre está presente en los adolescentes con alta insatisfacción corporal, derivada del rechazo a su cuerpo y de la búsqueda del cuerpo ideal. En cuanto a la relación entre el miedo a madurar y la insatisfacción corporal no es tan evidente como inicialmente se pensó y se han encontrado resultados contradictorios al respecto. Ni tampoco se confirma en todos los estudios que quienes tienen un autoconcepto físico negativo presenten más dificultades en sus relaciones con los demás.
Como conclusión, podemos decir que la relación entre los factores de personalidad y la insatisfacción corporal no nos es bien conocida.


¿Cuáles son los indicadores de riesgo de trastorno de la conducta alimentaria?

No siempre resulta fácil distinguir entre los indicadores de riesgo de patología alimentaría y los indicadores de hábitos normales en el cuidado del aspecto físico ya que ambos están estrechamente relacionados y la línea que separa unos de otros es muy sutil. Los factores generales que habitualmente se citan como posibles indicios de un trastorno de la conducta alimentaria son los siguientes: sexo femenino, adolescencia y preadolescencia, antecedentes personales y familiares de obesidad, hábitos alimentarios personales y familiares, práctica de determinados deportes o actividades (ballet, gimnasia), acontecimientos vitales estresantes en los dos últimos años, conflictividad familiar, conflictividad en la integración escolar o en las relaciones interpersonales, mala información nutricional, bajo autoconcepto y poca asertividad. Sin embargo, es la insatisfacción corporal la que se ha revelado como el único predictor fiable, por lo que un índice bajo de autoconcepto físico pueden utilizarse como síntoma no desdeñable de un posible trastorno alimentario.


¿Existe asociación entre la conducta alimentaria, el autoconcepto físico y la práctica deportiva?

Por un lado, entre el autoconcepto físico y la práctica deportiva, y por otro, entre la práctica deportiva y los trastornos de conducta alimentaria. Es decir que es una cadena que lleva a los adolescentes a cumplir.
Esta asociación se complementa y se explica al existir una relación inversa entre autoconcepto físico positivo y el riesgo de padecer los trastornos de conducta alimentaria. En definitiva, puede concluirse que el deporte practicado de forma habitual mejora el autoconcepto físico, lo que redunda en menor insatisfacción corporal y por lo tanto en menor riesgo de desarrollar anorexia o bulimia. No obstante, está también perfectamente comprobado que no toda práctica deportiva produce tales efectos positivos; aun más, determinadas prácticas deportivas pueden interpretarse como un síntoma de posibles problemas psicosomáticos.


¿Cómo reconocer si una práctica deportiva intensa se asocia o no a un trastorno de la conducta alimentaria?

El efecto del ejercicio físico sobre la imagen corporal y el autoconcepto físico es muy importante, pero necesita ser explicado adecuadamente. Al parecer, un nivel moderado de actividad deportiva realizada de forma sistemática ayuda a prevenir los trastornos alimentarios, ya que el ejercicio físico procura un mejor cuerpo, con lo cual la insatisfacción corporal es menor, así como la impulsividad por adelgazar. Pero la línea que separa el ejercicio físico saludable del realizado por obsesión es muy delgada; en numerosas ocasiones la práctica deportiva está relacionada con la insatisfacción corporal y se convierte en un intento de controlar el peso y de reducir dicha insatisfacción corporal.
Asimismo en los trastornos de la conducta alimentaria ya diagnosticados también ejerce un papel impreciso: la práctica clínica afirma que resulta conveniente realizar deporte habitualmente en los trastornos bulímicos, pero no siempre es adecuado hacerlo en los trastornos anoréxicos.


¿Qué conducta debe adoptar el médico general para detectar precozmente estos trastornos?

Generalmente, antes de desarrollar anorexia o bulimia la persona ha realizado numerosas dietas, por lo que hay que prestar atención a este aspecto, especialmente cuando estas dietas son muy restrictivas. Además suelen ser personas “expertas” en alimentación y contenidos calóricos. También deberá atenderse a si despliegan una elevada actividad física o si se ejercitan en el desgaste de zonas corporales (como las caderas, nalgas o muslos), indagar los hábitos de alimentación propios y de la familia (tiempo dedicado a cada comida, si come de pie o sentado, cantidad de alimentos ingeridos…), el tiempo de exposición a mensajes relacionados con el ideal de delgadez, las cogniciones y conductas familiares respecto del sobrepeso o la presencia de perfeccionismo en la personalidad del sujeto que se está evaluando.
Al médico general puede resultarle muy valiosa la información procedente del contexto social (familia, amistades…) o escolar (en el caso de adolescentes y jóvenes).

Leonardo Ezequiel Giuli

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